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La teta une

Hace un rato, he estado hablando con Silvia, una antigua compañera de universidad, que ahora es madre de una niña y un niño preciosos. Recientemente ha sido tía y está brindando todo su apoyo a su hermana para que su lactancia sea un éxito. Ella es una madre experimentada en este campo, puesto que con sus dos hijos ha practicado lo que se ha denominado “lactancia prolongada”, un término que no me gusta porque tiene ciertas connotaciones negativas, pero este tema lo abordaré en otro post más adelante.

Lo que ahora me une a Silvia es “la teta”, aunque ella ya ha acabado su periodo de lactancia, pero al hablar del tema, nos sentimos cómplices de situaciones y sentimientos vividos.

Hemos hablado de la importancia de tener información durante el embarazo, sobre lo que supone la lactancia, sobre sus beneficios, sobre las posibles complicaciones y los trucos para solucionarlas. La información empodera, y después del parto, es importante tener las cosas claras, porque no siempre se tiene la suerte de estar rodeado de profesionales médicos que tengan empatía con las madres recién paridas y que además sean pro-lactancia. Por supuesto, también hay que decir que existen grandísimos profesionales capaces de acompañar y asesorar a las madres en las primeras horas post parto. Dicho esto, quiero aclarar que mi escala para medir la profesionalidad del personal que atiende a las madres recién paridas se basa en darles su papel principal, en dejarlas elegir y expresarse, en no infantilizarlas, en escuchar sus demandas sin juzgarlas o menospreciarlas y por supuesto en tener formación específica en lactancia materna.

La generación de los 80 tomamos poca teta y mucho biberón. A nuestras madres les dijeron que el biberón era lo mejor, lo más cómodo para ellas y lo más seguro para sus hijos, y ellas lo creyeron. Pienso que principalmente, lo creyeron porque lo prescribían los médicos y porque había algo de transgresor en no hacer caso a sus propias madres, ahora que ellas tenían la oportunidad de “progresar” y no estar “condenadas” a quedarse en casa amamantando a sus hijas e hijos.

Nuestra generación, no suele tener referentes de lactancia materna en su familia, porque si algunas de nuestras madres nos dieron el pecho fue muy poco tiempo y hace ya muchos años, y por lo tanto, no se sienten lo suficientemente seguras como para aconsejarnos en esta etapa.

Es curioso como la falta de información, la falta de referentes familiares en lactancia, la falta de una tribu, nos une entre nosotras. Mi relación con Silvia se enfrió al terminar la universidad y desde entonces nos hemos visto esporádicamente. Sin embargo, nos hemos reencontrado siendo madres y dando la teta, y esto une. Y cuando hablamos de lactancia materna y de cómo influye en los hijos, en las parejas, en el trabajo, en el día a día…..podemos estar horas y horas, compartiendo, comprendiéndonos y apoyándonos.

El amor une, la teta es amor, Amor de Teta.

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